Hace poco leí una frase que decía: No felicites al pez por saber nadar.
Me ha dejado mucho en qué pensar.
Estoy leyendo un cómic romántico llamado Let´s Play, ampliamente recomendable. En el penúltimo capítulo la protagonista se emborracha mientras que su interés romántico no. Él la lleva a casa de él para que se le baje el alcohol, la deja durmiendo en el cuarto de invitados y él se va para su cuarto. Minutos después, ella llega y le propone que tengan relaciones pues los dos se traen ganas y ella está..."caliente".
Ahí terminó ese capitulo, en si él aceptaría o no acostarse con ella. Y en mi mente dije, sí, se van a "acostar". Pero luego recordé que ella estaba borracha, no al punto de la inconciencia pues había subido un piso y recorrido un pasillo para ir a la habitación del bato, pero al final borracha mientras que él estaba totalmente sobrio. Si los dos estuviesen borrachos estaría bien, no sería la primera vez que dos personas intoxicadas tienen relaciones sexuales, pero aquí sólo uno de ellos estaba bajo los influjos del alcohol.
Y no fui la única que entró en este dilema, muchos en los comentarios también decían que estarían felices de por fin ver a su ship tener acción, pero que al final él estaría tomando ventaja a pesar de que fue ella la de la iniciativa.
En el capítulo de ayer, por fin nos dijeron que él declinó la propuesta y no pasó nada de nada. Todos estaban felices de que el hombre tomó la decisión acertada, pero al final no debíamos de estar felices porque era lo mínimo que se esperaría de una persona decente. Pero estamos tan acostumbrados a que en las series, películas, libros, o cualquier medio de entretenimiento, las personas sucumban a sus "deseos" que dejen de lado la razón.
Y es ahí donde veo que hemos llegado a romantizar y normalizar ese tipo de situaciones, donde vemos tierno o cursi el que alguien no quiera tomar ventaja de una situación donde al principio parece ser un ganar-ganar pero que al final, la balanza estaba inclinada más a favor de quien toma la decisión.